Émilie y Sébastien pasaron unas semanas con nosotros el verano pasado. Era la primera vez que venían al Eco-Resort Naturéo. Habían reservado un bonito cottage con sus hijos, Zoé y Théo, para que su pequeña tribu pasara unas vacaciones lejos del día a día. Querían un verdadero paréntesis. Una burbuja para recargar energías. Les pedimos si querían contarnos lo que sintieron aquí, y sus palabras nos emocionaron mucho. Por eso quisimos que vosotros también pudierais leerlas, porque quizá resuenen con vuestras propias ganas de descubrir Naturéo.
El Eco-Resort Naturéo es, ante todo, una filosofía: dejarse llevar por el ritmo de la naturaleza y reconectar con lo que realmente importa. Quisimos que quienes vienen aquí de vacaciones, ya sea por unos días o por más tiempo, puedan encontrar lo que a menudo les falta en su vida diaria… Tiempo, ese espacio interior para respirar. Más energía, más presencia para sí mismos y para su familia.
Por eso hemos hecho que todo esté disponible in situ, en un auténtico rincón de naturaleza. 13 hectáreas de pinar protegido, alojamientos separados entre sí, una piscina relajante, multitud de actividades, la playa a 600 metros, clubs para niños y adolescentes, tratamientos de spa, opciones para comer y hacer la compra, e incluso alquiler de bicicletas o clases de surf que reservar.
Así, cada uno tiene la posibilidad de elegir: dejarse envolver por el ambiente propio de Naturéo, salir a visitar los alrededores según le apetezca, quedarse en su terraza, hacer deporte, darse un masaje, descansar… Cada uno recupera su propio ritmo interior y su equilibrio, y eso es justamente lo que sintió Émilie.
«Ya sabéis cómo es, cuando estás atrapada en el ritmo diario… Si me hiciera caso a mí misma, me tomaría el tiempo de darme un buen masaje, solo para desconectar un poco. Pero, como muchas madres, voy corriendo de un lado a otro. A menudo llego al final del día agotada, y cuando veo la montaña de cosas que aún quedan por gestionar, me digo: “el masaje ya lo pediré más adelante”. También esperaba con ganas nuestras vacaciones en Naturéo por eso. Tener tiempo para mí y, además, todo disponible in situ. Pude hacer la reserva desde mi terraza una mañana, tomando mi café al sol. La masajista fue simplemente fabulosa. Creo que en casa ya habría vuelto a estar estresada al cabo de media hora. Aquí no. Suena tonto, pero los niños están bien entretenidos, se lo pasan bien, y con nuestro cottage en el pinar desconectamos de inmediato. No tengo que gestionar nada. Ni comidas, ni organización. Ese ambiente, ese masaje… hacía tiempo que no me sentía tan bien conmigo misma. Recargada, la verdad.»
La paradoja de Naturéo, si se puede llamar así, es que cada uno encuentra su propio espacio… y precisamente por eso la familia se reencuentra. Cuando los niños tienen su propio programa, cuando cada adulto puede respirar de verdad, algo se destensa en la forma de relacionarse. Se habla de otra manera, se escucha mejor. Se ríe de cosas que no se habrían notado en el torbellino del día a día, sencillamente.
Aquí, cada uno puede vivir su día a su propio ritmo y volver con algo que contar. Se pueden dedicar horas solo para uno mismo o pasar tiempo juntos. Y a menudo es alrededor de una comida en La Peña donde se comparten las historias del día. Y donde las familias se dan cuenta, a veces con sorpresa, de que se han reencontrado sin siquiera haberlo buscado.
Eso es justamente lo que vivió Sébastien, quien nos había confesado que suele aparecer en todas partes con su ordenador bajo el brazo.
«Me había llevado el ordenador “por si acaso”. ¡Se quedó en la bolsa! El segundo día salí a correr al amanecer bajo los pinos, y por la tarde alquilé fatbikes con Théo, mi pequeño. Su hermana quería ir al club de adolescentes, así que nosotros dos fuimos en bici por la playa de Bourdaines, él iba delante, pedaleando a toda velocidad. Cuando volvimos, nos sentamos en la terraza del cottage, solo los dos. Fue un momento precioso con mi hijo. Ya sabéis, cuando te sientes bien y de verdad te reencuentras. Y de hecho me di cuenta de que llevaba horas sin mirar el móvil, cosa que nunca me pasa.»
Zoé, una adolescente algo escéptica, pensaba que una semana en el bosque no era para nada lo suyo. ¡Al final, Naturéo la sorprendió!
«Pensaba que me iba a aburrir cuando mis padres me hablaron de unas vacaciones en un eco-resort. El bosque, la naturaleza… la verdad es que no es mi rollo. Y luego hice clases de surf con la Oxbow Surf School. El segundo día me mantuve de pie en la tabla, ¡de pie de verdad! Al final hice amigos rápidamente en el club de adolescentes, e hicimos muchísimas actividades juntos. La verdad es que costó un poco irse al final.»
Émilie, Sébastien, Zoé y Théo se marcharon tal como habían llegado: juntos. Pero con algo más. Energía recuperada, una ligereza que no habían previsto. Y sobre todo, las ganas de volver… Eso nos hace sonreír, así que un gran gracias a ellos por compartir su experiencia y por su confianza.
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